Globalmente, la salud mental se ha convertido en una de las principales preocupaciones en los últimos tiempos, problemática que ha ocasionado que se replantee la manera en la que se aborda, considerando entenderla y tratarla no solo desde lo individual, sino también desde lo social.
Ese planteamiento abordó la doctora Adriana Ornelas Beltrán en la conferencia “Un abordaje social de la salud mental”, tema con el que inauguró las cuartas Jornadas de Trabajo Social que celebró esta casa de estudios del 19 al 21 de agosto.
En su charla, la docente investigadora de la UNAM señaló que es importante hablar de este tema debido al impacto que ha tenido en los últimos años en el mundo, donde 31 países han señalado a la salud mental como una de sus principales preocupaciones, con un 45 %, seguido del estrés (31 %) y la demencia (9 %).
Incluso, aseguró que la pandemia influyó considerablemente en el incremento de esta problemática, pues el encierro y aislamiento social al que fue sometida la gente durante dos años ocasionó el desarrollo de ansiedad y depresión en diferentes grupos poblacionales, pero mayoritariamente en mujeres.
“Ese dato hay que tenerlo ahí desde nuestra carrera, que somos mayoritariamente mujeres. Pero también desde la población que atendemos, que suele ser mayoritariamente femenina”, especificó la ponente.

A nivel nacional, hablar de salud mental implica considerar problemáticas como el espectro autista, los trastornos de la personalidad y el trastorno bipolar, entre otros. La gráfica varía en comparación con el panorama mundial, que se enfoca principalmente en dos grandes problemas: la ansiedad y la depresión.
Ante estos antecedentes y el posicionamiento que ha tenido la salud mental en la actualidad, la docente investigadora señaló la importancia de darle a este tema un trato ya no solamente individual, sino también social. Esto implica conocer el contexto —familia, amistades, trabajo, vecindario y escuela— en el que un sujeto está involucrado, pues, aseguró, es así como se pueden comprender mejor las implicaciones que todos esos aspectos tienen en su salud mental y la manera en que se puede trabajar de una mejor forma.
Sin embargo, a pesar de reconocer claramente el problema, la doctora Ornelas señala uno más: la incomprensión y pérdida de tolerancia al malestar emocional que se ha posicionado en la sociedad actual. “Ya no tenemos tolerancia a la tristeza, al dolor de alguien”, aseguró la conferencista.
“Existen un conjunto diverso de factores individuales, familiares, comunitarios y estructurales que, en conjunto, protegen o socavan la salud mental”.

En contraste con el psicólogo, que hará un análisis clínico para entender cómo está viviendo el paciente su salud mental, el trabajador social hará un diagnóstico que abrirá la perspectiva que explique, socialmente, qué, o por qué, se desarrolló su problema de salud.
Con este planteamiento, la doctora Ornelas propone una propuesta directa de intervención en el área de Trabajo Social, que implica tres aspectos:
- Como trabajadores sociales, propone que se reconceptualice el tema de salud mental, es decir, pasar de la mirada individual a la social; tener claro que no solamente es el sujeto, sino también el ambiente, las relaciones, los lugares e incluso el planteamiento económico, que lo ha llevado a generar un trastorno o un problema de salud.
- Pasar de la exclusión a la inclusión, donde se tiene que conocer al individuo para comprender su comportamiento y modificar su ambiente para que todos puedan convivir. “La solución nunca será el aislamiento”.
- Aprender a actuar en la incertidumbre, donde señala el cambio social que se vive actualmente, donde las relaciones y lazos sociales se han vuelto efímeros y con vigencias más cortas que hace unos años. “No podemos trabajar con patrones antiguos las cosas que ahora fluyen con otra medida”.
Desde esta perspectiva, el abordaje social de la salud mental plantea ampliar la mirada más allá del diagnóstico individual para reconocer que el bienestar emocional también está condicionado por los vínculos, los espacios y las circunstancias en las que se desarrolla cada persona. Para el Trabajo Social, entender ese entramado representa una oportunidad para intervenir desde la inclusión, la comprensión del entorno y la construcción de respuestas acordes con una sociedad que también está cambiando.




