A las 5:50 de la mañana, cuando Ciudad Juárez todavía bosteza y el termómetro marca cero grados centígrados, algo distinto ocurre en el arranque del semestre. No es solo el rugido puntual de los motores ni la fila breve de estudiantes abrigados esperando el transporte universitario. Es un pequeño detalle, casi íntimo, el que rompe la dureza del amanecer: un muñeco de peluche sentado en un asiento del Indio Bus, con un mensaje escrito a mano para quien lo encuentre.


“Feliz semestre, ojalá este loco te acompañe en todo lo que necesites. Recuerda que un lugar bonito es responsabilidad de todos”, dice el post it pegado a un simpático aguacate con gorro. No hay firma, solo la intención clara de desearle bien a alguien que quizá nunca se conocerá.
Así arrancó el nuevo Circuito Universitario del Indio Bus, no solo como una ruta de transporte, sino como una vía inesperada de comunicación entre estudiantes. En su primer día de clases, algunos usuarios decidieron dejar regalos en los asientos: pequeños monos de peluche, mensajes torcidos por el movimiento del camión, palabras sencillas que, en medio del frío y la prisa, se sienten como un abrazo.
“Para quien encuentre esto, el camión se mueve y no me deja escribir. Feliz semestre, que todo salga como lo esperas y recuerda que un lugar bonito es responsabilidad de todos”, se lee en otro mensaje, esta vez acompañado por un monito koala. El trazo imperfecto del papel confirma que fue escrito en marcha, mientras la ciudad despertaba.

Los primeros en utilizar esta vía de transporte —y también esta forma silenciosa de diálogo— fueron Samanta Flores, estudiante de la carrera de Derecho y Eduardo Cruz, de Psicología. Samanta, además, quedó registrada como la primera usuaria del Indio Bus en este inicio de semestre. Sin discursos ni ceremonias, su trayecto marcó el comienzo de una dinámica que combina puntualidad, seguridad y, de manera espontánea, humanidad.
“Me gustó el interior, ya que estaba limpio y climatizado, fue puntual en la parada”, comenta Eduardo, quien cursa el quinto semestre.
“Es muy importante que tengamos este servicio, debido a que gracias a él llegué a la escuela temprano y no batallé con el segundo camión, fue muy eficiente. Considero que debería seguir activo el servicio porque, así como yo, a alguien más le ayudará en su recorrido hacia la universidad”.
Muy temprano y sin contratiempos, las líneas del transporte universitario comenzaron a operar. Aunque pocos estudiantes salieron a esa hora, el ambiente fue de calma y orden. En esta ocasión, se dio seguimiento a la ruta amarilla, que partió desde la Estación Universitaria, realizó siete paradas, pasó por Rectoría y tuvo como destino final el Instituto de Ciencias Sociales y Administración.
El punto de arranque, conocido como Primer Punto o Punto Aserraderos, se ubica sobre la calle Pedro García, frente a la Estación Universitaria, en el Eje Vial Juan Gabriel. Ahí se alinearon cinco camiones, listos para salir cada 15 minutos.
El servicio se divide en dos turnos: de 05:50 a 13:00 horas y de 15:00 a 22:00 horas, con cambio de operadores entre ambos, según explicaron los coordinadores de las rutas. La logística es precisa, pero el ambiente dentro del camión se suaviza con esos detalles que no vienen en ningún manual.
Ignacio Esquivel, operador de transportes, cuenta que la instrucción fue clara: estar en el punto de arranque desde las 05:00 horas. Los camiones cuentan con la aplicación Bus Tracker, que permite indicar los puntos de parada y dar seguimiento a la ruta en tiempo real. Al subir, los estudiantes deben escanear su credencial universitaria, como una medida de seguridad y registro.

Todo funciona como debe funcionar. Pero lo que no estaba previsto —y quizá por eso resulta tan significativo— es que el primer viaje del semestre no solo transportara estudiantes, sino también mensajes de ánimo, cuidado y corresponsabilidad.
En medio del frío, el Indio Bus no solo llevó a Samanta, a Eduardo y a otros alumnos a sus aulas. También llevó consigo una idea sencilla y poderosa: que la universidad, incluso en un trayecto de madrugada, puede empezar con un “feliz semestre” escrito a mano.
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