La sepsis continúa representando uno de los mayores desafíos para la atención médica oportuna, no solo por la gravedad con la que puede evolucionar, sino porque su identificación no depende de una única prueba diagnóstica.
Este fue uno de los principales planteamientos expuestos por la doctora Sofía Selene Torres Valdez durante la ponencia magistral “Sepsis: lo esencial que todo médico general debe reconocer en la primera hora”, realizada este 7 de septiembre en el marco inaugural del XXVII Congreso Médico Estudiantil (CME) “Esenciales de un Médico General”, del Programa de Médico Cirujano.
Ante estudiantes de Medicina, la especialista en Medicina de Urgencias y Medicina del Enfermo en Estado Crítico en el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) subrayó que la primera hora de atención podía ser determinante para reconocer a un paciente potencialmente grave y tomar decisiones oportunas.
Torres Valdez, egresada de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ), llevó a los futuros médicos a un escenario cotidiano: “Un paciente que llegaba un lunes por la mañana a consulta con fiebre, cefalea, mialgias, cansancio y otros signos que, a primera vista, podían parecer compatibles con un cuadro de menor gravedad”.
El ejercicio buscó demostrar que detrás de síntomas aparentemente comunes podía existir una condición que requería una valoración más profunda.
Para la especialista, el primer paso consistía en no limitar la valoración a los signos vitales, sino conocer el contexto epidemiológico, la evolución de los síntomas y el estado general del paciente.
En el caso planteado durante la ponencia, destacó a un hombre de 38 años que presentaba una presión cardiaca de 112 latidos por minuto, frecuencia respiratoria de 24 respiraciones por minuto, temperatura de 39.1 °C y saturación de oxígeno de 96 %. Aunque el paciente no presentaba hipotensión, la taquicardia, la taquipnea y la fiebre constituían elementos que debían llamar la atención del médico.
“Observar, escuchar y tocar” fue una de las ideas centrales de la exposición.
La doctora destacó que herramientas tan sencillas como la valoración de la frecuencia respiratoria, la temperatura, la saturación de oxígeno, el estado mental, la hidratación, la perfusión periférica y el llenado capilar podían proporcionar información relevante sin necesidad de recurrir inicialmente a estudios sofisticados.
En este sentido, insistió en la importancia de recuperar una exploración física cuidadosa. “Por favor, toquen a sus pacientes. Véanlos, escúchenlos y tóquenlos”, señaló durante su intervención.
También, llamó la atención de los estudiantes sobre la frecuencia respiratoria, uno de los signos vitales que, de acuerdo con la especialista, podía ser valorado de manera deficiente.
Por ello, recomendó observarla y contabilizarla sin alertar al paciente, ya que este podía modificar involuntariamente su patrón respiratorio al saber que estaba siendo evaluado.
Más allá de una prueba
Uno de los conceptos que la doctora buscó dejar claro fue que no existía una prueba única capaz de confirmar o descartar por sí sola la sepsis.
En ese punto, explicó que la sepsis debía entenderse como una respuesta desregulada del organismo ante una infección que provocaba disfunción orgánica y podía poner en riesgo la vida del paciente.
Asimismo, abordó el concepto de choque séptico como una de las complicaciones más graves de la sepsis y explicó la importancia de reconocer oportunamente el deterioro de la perfusión y la necesidad de intervenciones iniciales.
Durante la ponencia también hizo referencia al qSOFA, herramienta de cribado clínico rápido diseñada para identificar a pacientes con sospecha de infección que tienen un mayor riesgo de sufrir peores resultados o morir fuera de la unidad de cuidados intensivos
Sin embargo, enfatizó que esta herramienta no debía utilizarse como una prueba para descartar sepsis. Un paciente podía no cumplir con los criterios del qSOFA y aun así presentar sepsis, por lo que la evaluación debía mantenerse integral.
El contexto en Ciudad Juárez
La conferencia adquirió una dimensión local al relacionar el reconocimiento de la sepsis con el panorama epidemiológico de Ciudad Juárez.
La especialista presentó datos sobre casos de rickettsiosis registrados durante 2026 y recordó que una infección podía desencadenar una respuesta sistémica capaz de comprometer la vida.
“La rickettsiosis es la infección; la sepsis es lo que esa infección le hace al cuerpo”, explicó como una manera sencilla de diferenciar ambos conceptos.
También, destacó la relevancia de preguntar por factores epidemiológicos como la exposición a perros y garrapatas, particularmente en una región donde las enfermedades transmitidas por estos vectores constituían un riesgo que los médicos debían considerar durante la valoración de sus pacientes.
Con ejemplos cotidianos y situaciones clínicas, la doctora Sofía Torres buscó que los estudiantes comprendieran que el conocimiento médico no debía quedarse en los libros, sino traducirse en capacidad para observar, interpretar y actuar.
La principal enseñanza de la ponencia apuntó así hacia una práctica médica basada en la atención a los detalles: un paciente podía no parecer gravemente enfermo a primera vista y, sin embargo, presentar señales que exigían una valoración inmediata.
Por ello, ante la sospecha de sepsis, el reto para el médico general no consistía únicamente en solicitar más estudios, sino en reconocer al paciente enfermo, interpretar correctamente sus signos y utilizar desde el primer contacto las herramientas clínicas que tenía a su alcance.
En el marco del XXVII CME, la ponencia puso sobre la mesa una premisa esencial para quienes comenzaban su formación profesional: la primera herramienta para reconocer a un paciente grave seguía siendo el propio médico.




