En el camino hacia la salud, recibir un diagnóstico es solo el punto de partida. La verdadera travesía —la recuperación, el manejo de condiciones crónicas y la reconquista del bienestar— se construye día a día con decisiones concretas sobre lo que ponemos en nuestro plato y cómo movemos nuestro cuerpo.
Para analizar esta sinergia fundamental, este 4 de febrero, en las mesas de análisis efectuadas en el Foro Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ) contra el cáncer: aprender para prevenir y acompañar, dos expertos que trabajan en la primera línea de la atención abrieron diálogo al tema Más allá del diagnóstico…alimentos y ejercicio, expuestas por el maestro Miguel Solís Barraza, nutriólogo clínico, y la maestra Guadalupe Cavazos Ortiz, terapeuta y rehabilitadora física.
Desde el Hospital General Regional No. 66 del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), el maestro Solís Barraza, con su doble formación en nutrición y salud pública, ofreció una perspectiva clara. “Según el Fondo Mundial para la Investigación del Cáncer, dice que aproximadamente el 40% de los cánceres son prevenibles con hábitos saludables, como evitar fumar, el alcohol y dentro de lo que es la alimentación, pues una alimentación y un peso saludable, también están de la mano de las dos cosas”.
Ratificó que el exceso de consumo de alimentos ultra procesados, que están más asociados con el desarrollo del cáncer, es lo que se pretende prevenir. Principalmente, “la obesidad juega un rol muy importante para el desarrollo de ciertos tipos de cánceres y dentro de ellos la alimentación juega un rol primordial, ya que el exceso de azúcares simples de alimentos ultra procesados están relacionados directamente con estas enfermedades”, sostuvo.
Pero estos «ladrillos» nutricionales necesitan un «cemento» que los organice y fortalezca: el movimiento guiado y terapéutico. Ahí entró la experiencia de la maestra Cavazos Ortiz, cuya especialización en rehabilitación, incluso de lesiones complejas y condiciones como la linfedema post-mastectomía, le da una visión holística.
«¿Qué necesitamos? Una guía, un rehabilitador, un entrenador físico que nos puedan sugerir qué tipo de actividad física podemos realizar, pero como todos nosotros, lo más fácil es caminata. 150 minutos de actividad física semanal, que eso se traduciría en la recomendación mínima de movimiento, que son 30 minutos al día», explicó.
Asimismo, la maestra profundizó en un aspecto crucial que “con eso podemos nosotros aumentar nuestro sistema inmunológico, mejorar la permeabilidad capilar. Podemos aumentar, incluso, las serotoninas y las endorfinas para que ese paciente no esté tan triste, se sienta acompañado y tenga un poquito más de oxigenación”.
Ahondó que uno de los principios de la preinscripción del ejercicio es la individualización de las cargas y la observación del caso específico. No es lo mismo tratar un linfoma a tratar una leucemia, a tratar un cáncer de mama, a tratar un cáncer de páncreas. Por ejemplo, hay diferentes estadías en los que podemos nosotros preinscribir algún tipo de actividad física o irlo moderando”.
La convergencia de ambos enfoques es donde se produce la magia de la recuperación integral. Solís Barraza lo ejemplificó: «Un paciente que no está bien alimentado que no tiene un suporte nutricional adecuado, no va a poder sortear todo el proceso que es la terapia médica y la enfermedad. Y la actividad física va de la mano con la alimentación, ya que las dos con un buen aporte de proteínas, un aporte de energía junto con la actividad física va a ayudar a promover la síntesis proteica, y la reparación del tejido que está afectado, y el proceso de cicatrización, y la generación de las células y proteínas que necesitamos para el buen funcionamiento de nuestro organismo».
Por su parte, Cavazos añadió que “la nutrición y el ejercicio son los combustibles de la rehabilitación».
Este dúo atento —nutrición y ejercicio terapéutico— trasciende el ámbito hospitalario. Ambos profesionales coincidieron en que son pilares de prevención.
La mesa de análisis dejó un mensaje contundente en el mapa de la salud: el diagnóstico marca la ubicación, pero es la alimentación consciente y el ejercicio bien orientado los que trazan la ruta segura hacia la recuperación plena y una mejor calidad de vida.




