Gran parte de los estudiantes de Medicina concentran sus esfuerzos en aprobar exámenes, cumplir guardias y sobrevivir al ritmo académico, Dejanira Patricia Muñiz Escobar decidió agregar otra exigencia a su formación: hacer investigación científica de alto nivel.
Con solo 25 años y, en plena etapa de servicio social, la estudiante de la Licenciatura en Médico Cirujano del Instituto de Ciencias Biomédicas (ICB) de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ) representó a México en las Sesiones Científicas de la Latin American Heart Rhythm Society (LAHRS) y en el 14° Congreso Argentino de Arritmias, realizado en Buenos Aires, Argentina.
Ahí presentó una investigación enfocada en el seguimiento clínico de pacientes con desfibriladores subcutáneos, una tecnología relativamente reciente utilizada para prevenir la muerte súbita cardíaca.
Pero ¿qué es un desfibrilador subcutáneo?
Un desfibrilador cardioversor implantable subcutáneo (DCI-S) es un dispositivo que detecta y corrige los ritmos cardíacos rápidos, potencialmente mortales, llamados arritmia— es un latido irregular del corazón—. Si se detecta una arritmia, el dispositivo envía rápidamente una descarga eléctrica al corazón. Este cambia el ritmo de regreso a lo normal. A esto se le llama desfibrilación, de acuerdo con MedlinePlus, portal de la Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos (NLM, por sus siglas en inglés).
Pero detrás del reconocimiento académico hubo también una experiencia personal que terminó por confirmar la ruta profesional que Yanira había imaginado desde hace años.
“Me emocionó muchísimo porque desde hace tiempo sé que quiero dedicarme a la cardiología, específicamente a la electrofisiología”, explicó. “Participar desde estudiante en un congreso de alta especialidad fue un paso muy importante”.
Su trabajo despertó interés incluso entre especialistas y evaluadores internacionales. Algunos asumían que ya cursaba una residencia médica.
“Cuando les decía que todavía era estudiante se sorprendían mucho. Eso fue un gran impulso para mí”, recordó.
La investigación: evitar procedimientos innecesarios
El proyecto presentado por Dejanira se centró en pacientes con riesgo de arritmias graves o paro cardíaco, quienes requieren la implantación de desfibriladores capaces de detectar alteraciones eléctricas del corazón y emitir descargas para corregirlas.
Tradicionalmente, estos dispositivos se colocan mediante cables que ingresan por el sistema venoso hasta llegar al corazón. El desfibrilador subcutáneo funciona distinto: se implanta debajo de la piel sin necesidad de acceder a las venas.
Aunque esta tecnología tiene apenas alrededor de una década utilizándose y su costo puede superar los 500 mil pesos por procedimiento, representa una alternativa importante en pacientes pediátricos o con malformaciones cardíacas.
“En algunos pacientes el acceso venoso puede ser muy complicado. El sistema subcutáneo reduce complicaciones y facilita el procedimiento”, explicó.
Su investigación analizó aproximadamente 150 pacientes atendidos entre 2020 y 2025 en un instituto nacional de alta especialidad. El principal hallazgo fue que ciertos procedimientos considerados rutinarios podrían no ser necesarios.
Después de colocar un desfibrilador, habitualmente se provoca una arritmia de manera controlada para comprobar que el dispositivo funcione correctamente. Sin embargo, esa prueba implica estrés y riesgos para el paciente.
“Observamos que los pacientes que recibieron la prueba y los que no la recibieron tuvieron resultados muy similares”, indicó.
El hallazgo coincide con las guías médicas más recientes, que comienzan a cuestionar la necesidad de realizar esa prueba en todos los casos.
Más allá del impacto técnico, el estudio apunta hacia una discusión más amplia dentro de la medicina contemporánea: reducir procedimientos invasivos cuando no ofrecen beneficios clínicos reales.
Una estudiante del norte en escenarios dominados por grandes universidades
En los congresos médicos nacionales e internacionales, los nombres de instituciones como la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) o la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP) suelen aparecer con frecuencia. Para Dejanira, representar a una universidad fronteriza también implicó romper ciertos prejuicios académicos.
“En el centro y sur del país es común escuchar sobre esas universidades, pero menos sobre instituciones del norte. Creo que poco a poco se empieza a reconocer el nivel académico de nuestra universidad y de sus estudiantes”, señaló.
La experiencia también tuvo una dimensión cultural y humana. Además del aprendizaje médico, la joven destacó el valor de convivir con especialistas de distintos países y conocer otras formas de entender la medicina.
Sin embargo, hubo un momento que la marcó particularmente: conocer al doctor Pedro Brugada, uno de los descubridores del síndrome de Brugada, una enfermedad genética cardíaca que puede detectarse mediante un electrocardiograma.
“Poder conversar con él y ver su sencillez como persona fue algo que me impactó mucho”, contó.
Para cualquier estudiante de cardiología, el encuentro equivaldría a conversar con una figura histórica viva de la especialidad.




